Arranco mi reflexión en el día 31 de diciembre, 70 aniversario de la muerte de Miguel de Unamuno.
Aunque mi edad hace corto para poder presumir de conocer a tan ilustre español en persona, mi mente ha tenido el honor y el placer de explorar los entresijos de sus escritos. Igual que otros escritores de gran talla – Azorín, Ortega y Gasset, Machado – irrespectivo de tendencias y creencias, como aprendiz de la vida, Unamuno dejó un legado que creo haber sabido apreciar. No hay una convicción que perdure toda una vida sino un saber escuchar para mejor vivir con cada momento. Eso es lo que he aprendido de su personalidad original y desbordante, de sus cambios de convencimiento, para aceptar sus propios errores de juicio, para aceptar aquello que es real, más allá de los límites del pensamiento sistemático racional y miope.
Con una valiosa mezcla de raíces regionales en mis venas – catalana, mallorquina, castellana, guipuzcoana, aragonesa y levantina – se me educó en el justo aprecio de cada arraigo, incluso en mi cuna de crianza lejos de esta península a cual me identifico en cuerpo y alma.
Por esos sentimientos de amor propio y de arraigo que me hace sentirme relevante como ciudadano de un Estado que hoy ocupa su sitio en el continente de donde provinieron mis antepasados más allá de los Pirineos hace ahora ya nueve siglos, debo plasmar mis reflexiones por si a otros pueda servir para enriquecer sus propias conjeturas hacia sus respectivos criterios y consecuentes posturas.
Si parto de Unamuno es porque considero que su razonamiento como vasco sin merma en sus nobles sentimientos hacia esas tierras ibéricas, no hizo más que plasmar una realidad sobre la lingüística. El euskera tenía y sigue teniendo sus limitaciones, muy a pesar de los artilugios fabricados por Arana en consonancia con la doctrina política que pretendió dotar y aglutinar alrededor del nacionalismo un idioma diferenciado.
Hoy, el 1º de enero de 2007, los ensayos y la poesía de Unamuno siguen estando vigentes mientras que la doctrina de Arana sigue siendo cuestionable.

El hecho que el penúltimo día del año que fue, una banda extorsionista que intenta legitimar sus chantajes y atentados en el marco del extremo más radical del Aranismo, colocara otro coche bomba en la T-4 de Barajas, viene a demostrar que aquellos que no tienen ni la capacidad intelectual lingüística de Unamuno ni la inteligencia emocional de los tolerantes amantes de la paz, como tantos y tantos españoles entre cuales me incluyo, siguen siendo incapaces de sentarse cara a cara sin pasamontañas y mirando a los ojos a los gobernantes legitimados que nos representan a todos los españoles en este Estado de Derecho.
Lo lamentable es que es que tanto el máximo responsable del Gobierno de España, en un discurso el día antes del atentado se expresara con escasa asertividad y excesivo optimismo, para afirmar aquello que no era del todo cierto, del mismo modo que en el polo opuesto su contraparte en la oposición rechazara aquello que podría ser cierto, sin más razón que el de negar todo lo que su adversario diga. Al final, ambos, en su falta de mesura han acabado con todo posible entendimiento, a pesar de creer y desear lo mismo, la paz.
Ni el optimismo desmesurado e irreal del Sr. Rodríguez Zapatero ni la intransigencia premeditada del Sr. Rajoy con su estéril “no” permanente producen efectos deseables más allá de la defensa de convicciones obsesivas.
Los convencimientos sentidos pero no razonados no sólo dejan de convencer al que observa desde una perspectiva neutral sino que acaban convirtiendo la esperanza en decepción para finalmente pasar a una depresión colectiva llena de oscuros deseos nada lícitos en una convivencia democrática.
A pesar de que seamos mayoría que deseamos la paz, incluidos los Sres. Rodríguez Zapatero y Rajoy, no todos lo vemos desde la misma perspectiva ni con el mismo prisma partidista, ni tomaríamos caminos idénticos hacia esa meta, aunque quizás todos pudiéramos aportar soluciones complementarias.
¿Por qué, entonces, no intentamos colocarnos en el asiento del otro y observar desde allí lo que éste ve distinto a lo que vemos desde nuestra posición original?
Vuelvo a Unamuno y el 70 aniversario de su muerte. Repasando su ajetreada vida con sus aparentes cambios de postura que le enfrentó con unos y otros, hasta causándole destierro y desprecio de no pocos de variadas tendencias políticas, si algo he aprendido de observar ese Pasado, es que las lecciones aprendidas de ella permiten al hombre honesto consigo mismo evitar los socavones por el camino del Hoy hacia el Mañana.
Echo en falta entre los que hoy escriben en la prensa esa visión sincera, razonada y sentida a la vez de Miguel de Unamuno. Brilla por su ausencia la humildad de reconocer la posibilidad de no estar en lo cierto y que otros tengan la razón, sobre todo cuando se encuentran en la situación dominante de pertenecer al Quinto Poder en la escena de las comunicaciones. Veo desde distintas perspectivas propias – primero como ciudadano, después como profesional en ejercicio, y finalmente como experto acreditado en relaciones humanas, actuaciones en esos medios poderosos de intereses creados, la dudosa ética, la carencia de calidad intelectual y la ausencia de moral de no pocos poderosos escritores de hoy, todo lo contrario de lo que demostró Unamuno a lo largo de su vida.
Sin embargo, en manos de esos “profesionales de la comunicación” de hoy esta la difusión de la información y las tácticas engañosas del marketing mediático, de los cuales dependemos los ciudadanos para saber lo que sucede en la actualidad. Del uso partidista que, además, hacen tanto los partidos políticos como ciertas organizaciones no gubernamentales y asociaciones como puede ser la AVT, encima con fondos provenientes de las arcas del Estado, nacen situaciones de confrontación patética para malear entre unos y otros la convivencia pacífica, como los incidentes de ayer a mediodía en la Puerta del Sol.
Jamás se conseguirá la paz en justicia plena reivindicando el odio y la venganza.

La realidad de España hoy tiene superado etapas anteriores, incluida la Transición. Sin olvidar nada y valorando lo conseguido en cada etapa, vivamos el Hoy con realismo y asertividad, pero eso sí, TODOS UNIDOS HACIA LA PAZ.
En el plano internacional, tampoco podemos apoyar aquello que repudiamos por principio, la muerte en la horca de un hombre, aunque sea un dictador sanguinario. Si miramos hacia otro lado cuando creemos que una situación en otro Estado no nos afecta, mientras acatamos situaciones inmorales y carentes de principios éticos, estamos contribuyendo al riesgo de que esa amenaza hoy lejana acabe alcanzando a nuestro propio entorno. La muerte de Sadam Hussein ha tenido lugar, en esas circunstancias inhumanas y en clara violación de los Derechos Humanos precisamente porque TODOS hemos mirado hacia otro lado para no tener cargo de conciencia.
Otra vez, en ese escenario internacional, los llamados demócratas han justificado en silencio una justicia aplicada no por Derecho sino por venganza. Vergüenza nos debería dar, porque la sangre de un sanguinario nos ha manchado las manos.
El aparente idealismo de este ciclo del Año del Perro de fuego ha acabado en una estéril aplicación y defensa de unos principios que predicamos pero que no aplicamos. Aún estamos a tiempo para enmendar y encauzar nuestra inercia hacia unas metas comunes por todos deseadas – LA PAZ EFECTIVA EN CONVIVENCIA Y ENTENDIMIENTO.
Fernando Fuster-Fabra Fdz.